boca sucia, pequeña hechicera, una pendeja que hace de vieja
9.3.09
Felicitaciones mi amor, vas a ser papá
Llegó cinco minutos antes. Abrió la puerta de la confitería, como si fueran las puertas del mismísimo paraíso. Desbordaba de la felicidad, no veía la hora de verlo, de abrazarlo y sentirlo cerca. Antes, era todo tan triste, hasta la música parecía llorar. Sentía un vacío gigante. Pero entonces encontró una esperanza para los dos. Le dijo que tenían que juntarse y hablar, porque últimamente estaban distanciados por las obligaciones. Estaban muy metidos en sus cosas y se veían a lo sumo dos veces por semana. Tenían que hacer algo.Su tono de voz por telefono sonaba tan felíz, tan alegre. Quería sorprenderlo. Ya se imaginaba sus próximos días juntos, un futuro mejor. Y era tan reconfortante, se sentía tan completa. Había que olvidar lo malo, dejarlo atrás. Comenzar de nuevo, juntos.Él llegó nueve minutos tarde, según lo que indicaba su celular. Pero ella ya estaba acostumbrada. Cuando los sentimientos que tenemos por una persona son tan fuertes, se siente una comunicación especial. Algo que te une, que te hace sentir feliz.La saludo con un beso rápido y se sentó. Se quedaron mirando fijo. Ella todavía sonreía.- Hola.- fue lo único que logró salir de su boca pintada con un rojo carmesí. Lo pronuncio como si hubiera dicho la palabra más linda del universo. Con esa plenitud que le ves a los ángeles, con lo que sentís cuando el viento golpea tu cara, cuando sonreís sin ninguna razón.- Hola.- dijo él y bajo la mirada.- ¿Cómo estás? Te extrañé. Estuve pensando mucho en nosotros...- Yo también (se apresuró a decir él, seco, todavía sin devolverle la mirada).Ella le sostuvo la mano, y lo miró de una manera tan dulce que era imposible decifrar lo que se sentía. No había palabras que explicaran, no. ¡Ni un millón de las mejores palabras hubieran expresado con exactitud lo que su corazón quería vomitar! Pero entonces, cuando la atmosfera era tan pasional que daba asco, él le soltó la mano. Y al fin la miró. La miró de la manera más fría, y lejana que te podes imaginar. Todo lo que era, había sido ayer. Ya estaba escrito. Pero ella lo ignoraba.Varias veces abrió la boca. Pero, no podía. Hace falta mucho, mucho valor para romper un corazón. Hasta que por fín -y con un hilo de voz- empezó:- Me... parece que tengo que decirte esto personalmente. Por respeto a lo que sentimos, a lo nuestro -ella se puso seria-. Creo que lo mejor va a ser que no nos veamos más (era fatal, sin tacto, sin anestecia). Hace un tiempo ya que esto está desgastado, y sé que vos también te das cuenta de eso, está a simple vista. Creo que estamos muy alejados -se hizo un largo silencio, y luego vino la peor parte- conocí una mujer. Me gusta, y creo que lo mejor es cortar por lo sano. Para que yo pueda ser feliz, y vos también. Sé que te mereces algo mejor... (y siguió hablando)Ella quedó inmóvil. No se merecía esto, no podía ser cierto, no estaba pasando ¡le acababa de decir que con ella no era feliz!Las lágrimas querían salir, amontonadas, pero no. Se puso fría (o simuló serlo) y con voz firme pero asustada contestó:- ¿No me amas más?Él no dijo absolutamente nada. No quería lastimarla más, pero a la vez quería que lo odiara, quería desaparecer de su vida, así más rápido se olvidaría de él. Duele con el alma cuando te lastima alguien que amas. Pero duele todavía mucho más cuando lastimamos a quien amamos.Ella quería decirle tantas cosas. Quería pedirle tantas explicaciones. Pero no podía. Sólamente le salió llorar. Él no se contuvo y la abrazo. Ella sentía que se estaba muriendo. Tantas veces necesitó un abrazo de él que nunca llegó. Y en ese instante, ese abrazo le producía nauseas. Lo hubiera sacado, si no fuera porque no podía reaccionar. Pasó un rato largo. Ninguno habló.Él no podía porque sentía que dijera lo que dijera iba a lastimarla más. Y ella no podía porque simplemente ya no se sentía la misma. Había olvidado como se hablaba, como se vivía y respiraba. Sólamente oía la respiración de él y lloraba en su pecho.Cuando al fin pensó, se levantó y corrío hasta el baño. Se encerró y se desplomó en el piso. Pero inexplicablemente dejo de llorar. Se abrazo las piernas y cerró los ojos. Respiro hondo y salío del cúbiculo. Se lavo la cara y fue hasta la mesa.Inexplicablemente, él no se había ido.Ella se sentó al lado de él, y lo acarició. Cerró los ojos y se le volvieron a caer un par de lágrimas. Se sentía muerta, incompleta.Cuándo abrío los ojos se encontró con otros dos que la miraban fijo.- No la hagas tan díficil. Yo te quise mucho, pero estoy enamorandome de otra mujer ¡No seas tan masoquista! Aceptalo, no quiero ocultarte nada. Siempre fuí sincero, y esta vez no voy a mentirte. Ahora te dejo plata para un taxi, mandame un mensaje cuando llegas a tu casa así me quedó tranquilo (já, tranquilo).Ella se largo a llorar nuevamente. No podía explicarse cómo podía ser tan insensible. Evidentemente ya no sentía nada. No aguantaba más. Así que se paro. Lo besó, le sonrío y le dijo la causa por la cuál lo había citado, la gran sorpresa: "FELICITACIONES MI AMOR, VAS A SER PAPÁ".Agarró la cartera, sacó plata para un taxi, se la dejo arriba de la mesa, y se fué.