Hace mucho que no escribo. No es por falta de tiempo, no, sé que no es eso. Me cansé un poco de tanto exceso de tecnología. Antes cuándo escuchaba hablar a mis viejos, o a los profesores de qué destestan la continua comunicación que tenemos los adolescentes tenía ganas de cerrarles la cajetilla y fumar en paz. Pero algo me debe estar pasando (tranquilos, no es que maduré, los milagros cuestan más caro) porque hoy después de mucho, mucho tiempo apagué el celular -y no fue porque se me quedó sin batería- y me conecto al msn unas tres o cuatro veces a la semana. Necesito pensar. Necesito organizar mi cabeza.
Hoy estaba en derecho, y realmente me aburría demasiado. Traté de mirar por la ventana pero lo único que llegaba a ver era un balcón de esos que te dan tristeza. Antes había un árbol. Pero la semana pasado lo talaron (fall down, como diría mi amigo Pehuén). Así que estaba en derecho, tratando de suicidar mi pensamiento lógico y dejarme volar aunque el balcón del cuál quería saltar no me parecía el adecuado. Traté de imaginar algo, algo espAcial que no tuviera que ver con fantasmas, ni con pensamientos emosexuales. Pero no me lo permití. No pude. Me sentí tan impotente. Como cuando un hombre no llega al orgasmo, ni siquiera fuí capaz de fingir que había dejado el tercer banco a la derecha, de la primer aula, del primer piso, de la primera escalera para sumergirme en ideas psicodelicas. Fue triste. Pero sonó el timbre del recreo y me puse la campera y me fuí. Como SIEMPRE a los problemas importantes, no los tomo ENSERIO.
boca sucia, pequeña hechicera, una pendeja que hace de vieja